"[...] Si llueve, las plantas florecen; si no llueve, se secan. Los insectos son devorados por las lagartijas; y las lagartijas, por los pájaros. Pero, en definitiva, todos acaban muriendo. Y, después de muertos, se secan. Cuando una generación muere, la sucede la siguiente. Es así. Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia. Al final, sólo queda el desierto. El desierto es lo único que vive de verdad."
Al sur de la frontera, al oeste del Sol, Haruki Murakami
El desierto
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La tía pobre
"Apenas se la presentan a la gente, apenas conversan con ella. Nadie le pide que pronuncie unas palabras. Se limita a permanecer sentada a la mesa como una botella de leche vacía. Toma el consomé a pequeños e inseguros sorbos, come la ensalada con el tenedor del pescado, las alubias se le escurren fuera de la cuchara y, al final, es la única que se queda sin la cucharilla del helado. Su regalo, con un poco de suerte, irá a parar al fondo de un armario y, si la fortuna le es adversa, acabará en la basura en la próxima mudanza junto con trofeos polvorientos de vete a saber qué.
"En el álbum de bodas que hojearán de vez en cuando, también aparece su fotografía, claro está. Pero su imagen es tan fúnebre como la del cadaver de un ahogado que todavía esté en relativo buen estado.
"¿Y esa mujer quién es? Sí, ésa, la de la segunda fila, la que lleva gafas..."
"¡Ah!, no es nadie." Dirá el joven esposo. "Es sólo mi tía pobre."
No tiene nombre. Es sólo la tía pobre. Únicamente eso."
Sauce ciego, mujer dormida, Haruki Murakami
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De que madera estás hecho
"Para los amantes más comprometidos,
la distancia se mide en silencio."
Mátame, Le punk
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Soñar contigo
"Déjame esta noche... soñar contigo,
déjame imaginarme en tus labios los míos,
déjame que me crea que te vuelvo loca,
déjame que yo sea quien te quite la ropa,
déjame que mis manos rocen las tuyas,
déjame que te tome por la cintura,
déjame que te te espere aunque no vuelvas,
déjame que te deje, tenerme pena.
Si algún día diera con la manera de hacerte mía,
siempre yo te amaría como si fuera siempre ese día,
qué bonito seria jugarse la vida, probar tu veneno,
que bonito seria arrojar al suelo la copa vacía.
Déjame presumir, de ti un poquito,
que mi piel sea el forro de tu vestido,
déjame que te coma solo con los ojos,
con lo que me provocas yo me conformo.
Si algún día diera con la manera de hacerte mía,
siempre yo te amaría como si fuera siempre ese día,
qué bonito seria jugarse la vida, probar tu veneno,
que bonito seria arrojar al suelo la copa vacía.
Déjame esta noche...
soñar...
contigo"
Los mares de china, Javier Laguna
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Allí donde soliamos gritar
"¿A qué no sabes dónde he vuelto hoy?
Donde solíamos gritar
diez años antes de este ahora sin edad,
aún vive el monstruo y aún no hay paz.
Y en los bancos que escribimos
medio a oscuras, sin pensar,
todos los versos de Heroes
con las faltas de un chaval, aún están.
Y aún hoy,
se escapa a mi control,
problema y solución,
y es que el grito siempre acecha,
es la respuesta.
Y aún hoy,
sólo el grito y la ficción
consiguen apagar
las luces de mi negra alerta.
Tengo un cuchillo y es de plástico
donde solía haber metal,
y el libro extraño que te echó de párvulos,
sus hojas tuve que incendiar.
Y en los hierros que separan
la caída más brutal
siguen las dos iniciales
que escribimos con compás,
ahí están.
Vertical y transversal,
soy grito y soy cristal,
justo el punto medio,
el que tanto odiabas
cuando tú me repetías que
té hundirá y me hundirá,
y solamente el grito nos servirá,
decías "es fácil" y solías empezar.
Y es que el grito siempre vuelve
y con nosotros morirá,
frío y breve como un verso,
escrito en lengua animal.
¡Y siempre está!
Te hundirá y me hundirá
y solamente el grito nos servirá
y ahora no es fácil,
tú solías empezar.
Vertical y transversal,
soy grito y soy crital,
justo el punto medio,
el que tanto odiabas
cuando tú me provocabas aullar.
Y ya está, ya hay paz,
oh, ya hay paz.
Y ya está, ya hay paz,
oh, ya hay paz.
¿Porque gritaba?
Lo sé y tú no,
no preguntabas,
tú nunca, no."
1999, Santi Balmes Sanfeliu
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Granada
Cuando me dijeron que llegarían a Granada sobre el mediodía y que me esperarían en la plaza de Colon, salí corriendo hacia allí. El corazón se me salía del pecho imaginándome que nada más verlos les daría un abrazo.
Un abrazo a Alicia, un abrazo a Pablo, un abrazo a Cristian, un abrazo a María, un abrazo a Guillermo... y les diría que estaba muy contento de que estuvieran a mi lado.
Lástima lo de ese funesto accidente de tren.
Las retenciones en la carretera fueron tan grandes que no llegaron a tiempo para comer las famosas alitas fritas de “El Labrador”.
El cocinero iba en ese tren.
Manuel Gutiérrez
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Once Ese
"Todo el mundo que me conoció antes del 11/9 cree que estoy muerto."
Post Secret, Anónimo
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